"ETA ha decidido el cese definitivo de su actividad armada, ETA hace un llamamiento a los Gobiernos de España y Francia para abrir un proceso de dialogo directo que tenga por objetivo la resolución de las consecuencias del conflicto y así la superación de la confrontación armada", fueron las palabras del anuncio de la organización terrorista de ETA para anunciar el fin de su actividad. A muchos, estoy seguro de que se le han puesto los bellos de punta leyendo esta frase y han revivido ese instante en el que se anunció el fin de la actividad de la banda.
43 años de actividad armada que dejaron 864 víctimas mortales, entre las que se encuentran 22 niños. Los cálculos dicen que la organización se pudo embolsar más de 120 millones de euros entre los secuestros, las extorsiones, el tráfico de armas y los atracos. Más de 10.000 personas sufrieron las extorsiones de la banda mediante el impuesto revolucionario. No fue hasta el 3 de mayo de 2018 cuando ETA anunció su disolución definitiva.
Una disolución que se hacía esperar en un país y, sobretodo, en una comunidad, la del País Vasco, que estaba agotada tras más de cuatro décadas de dolor, de terror, de miedo, de sufrimiento, de violencia... Muchos fueron los factores que propiciaron el final de esta mancha negra en la historia de nuestro país.
Indudablemente, el trabajo de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, en colaboración con la Justicia y con el Ejecutivo, fueron debilitando a la banda. Se puede decir que los pasos a la desaparición de ETA se empezaron a ver desde 2003, cuando el Tribunal Supremo ilegalizó las organizaciones Batasuna, Euskal Herritarrok y Herri Batasuna tras sus innegables vínculos con la organización. Tres años después, el 22 de marzo de 2006 la banda declara un alto el fuego de manera permanente, pacto que se rompe el 30 de diciembre cuando ETA pone una bomba en el aeropuerto de Madrid. Zapatero, que había iniciado en junio un diálogo con ETA pone fin al proceso.
Fue a partir del 2008 cuando se empiezan a suceder las detecciones en cascada a los miembros de ETA y, especialmente a la cúpula de la banda. El 17 de noviembre "Txeroki" es detenido en Francia, un mes despues "Balak", uno de sus sucesores. En abril de 2009 es detenido, también en Francia, el nuevo líder militar de ETA, Jurdan Martitegi. En agosto del mismo año otros tres presuntos etarras son detenidos en un resort francés. Ese mismo día son interceptados 13 zulos con material explosivo y armas en Francia, este es uno de los mayores reveses a la banda.
En 2010 continuan las detecciones: Ibon Gogeascoechea, el último jefe militar de ETA, fugado desde 1997 es detenido. Junto a él otros muchos dirigentes de la banda. Siguen a estas detecciones la de importantes etarras como Mikel Kabikoitz, alias "ATA".
El 2011 es un año plagado de detenciones. El 10 de enero, ETA declara un alto el fuego permanente, general y verificable. El Gobierno lo rechaza y exige que anuncie el fin definitivo de sus actividades. No es hasta el 20 de octubre cuando, finalmente, ETA lo anuncia. Tras unos años de detenciones, entrega de materiales explosivos y armamentísticos, el 3 de mayo de 2018, ETA emite un comunicado anunciando el desmantelamiento de todas sus estructuras y su descomposición.
Una de las problemáticas, que sigue causando mucho dolor 10 años después del final de la violencia etarra, son, posiblemente, los casos que todavía están sin resolver. Al menos 350 familias están sufriendo este tipo de dolor. En estos diez años, prácticamente no se ha avanzado nada en estos casos, son prácticamente los mismos que hace una década.
En algunos puntos del territorio vasco todavía sigue coleando el pensamiento defendido por la banda. Uno de los actos que siguen ocurriendo son los "ongi etorri", esas bienvenidas a los presos que llegan de la cárcel después de estar años fuera de su entorno. Son recibimientos llenos de aplausos, de abrazos y de muestras de cariño hacia los asesinos que tanto daño han causado. Las asociaciones de víctimas del terrorismo han afirmado que son uno de los actos que más daño causan en las personas que han sufrido la violencia de ETA.
Otro de los puntos negros de la historia, dentro de esta gran mancha negra que es el terrorismo etarra, es la Guerra Sucia. Un movimiento contrarrevolucionario que practicó terrorismo de estado contra los miembros de ETA durante 1983 y 1987. Según el Tribunal Supremo, esta organización estaba financiada por funcionarios del Ministerio del Interior en la época en la que era presidente Felipe González. La principal novedad durante estos 10 años que es el Gobierno vasco ha creado una comisión que investigue los posibles casos de violencia policial, y en el informe elaborado ha llegado a cifrarlos en más de 4.000, dejando la puerta abierta a posibles indemnizaciones.
Otro los procesos que en estos 10 años ha evolucionado es la Izquierda Abertzale, que ha intentado, con el paso de los años, separarse de su pasado más radical aunque no ha llegado a romper con él. Tras el reconocimiento realizado por Bildu y Sortu esta semana se ha dado un paso más. La izquierda más radical califica a Otegi como un traidor de los principios defendidos durante más de 40 años. Durante estos años, Bildu ha conseguido su hueco en todas las institucionales nacionales y comunitarias.
Uno de los temas que hoy en día sigue en vigor es el acercamiento de los presos etarras a las cárceles del País Vasco. Una decisión, la de dispersar a los presos, que fue tomada en el Gobierno de Felipe González por cuestiones de seguridad. El Gobierno actual, en 2018, ha comenzado el acercamiento de los presos a las cárceles del País Vasco y Navarra. Una cuestión que sigue adelante de un modo progresivo. Algo que era muy reclamado por la Izquierda Abertzale y por el PNV. Además, se ha transferido la competencia de prisiones al Gobierno de Urkullu.